El poder de la educación

“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Esta frase de Nelson Mandela expresa la importancia de la educación en el proceso de aprendizaje de los seres humanos y –por ende– en la formación de sus ideas y pensamientos, que luego se ven reflejados en sus acciones, las cuales impactan la forma de vida de la sociedad, y consecuentemente en la forma de ser del mundo.

Hoy quiero compartir con mis lectores un tema que ha estado relegado a un tercer plano en muchas agendas internacionales, pero que es de fundamental importancia para producir un cambio en la situación actual del mundo, convulsionado por la violencia que genera la falta de valores en que vive la humanidad. Me refiero al “poder de la educación”.

Actualmente la raza humana atraviesa una crisis de valores que ha desencadenado extremas manifestaciones de violencia, la pérdida del respeto por la vida y la dignidad humana, y la falta de sensibilidad y solidaridad con el prójimo. Tanta insensibilidad e intolerancia nos lleva a pensar y repensar en el proceso de formación al cual están expuestos nuestros niños y jóvenes, que en muchos países pasan en la escuela más de 7 horas al día, recibiendo un cúmulo de información sobre diferentes disciplinas y destrezas. Es la intensidad y frecuencia de ese proceso de formación, lo que nos da la certeza de que la educación –sea pública o privada– juega un papel determinante en la formación de las capacidades y habilidades del ser humano, pero también en la formación de la conciencia individual y colectiva.

A pesar de que hoy en día existe una educación básica gratuita, al alcance de la mayoría de la población, y una proliferación de centros educativos de alto nivel donde los niños y jóvenes adquieren mayor conocimiento, información y tecnología; paradójicamente vemos cómo han crecido los índices de criminalidad y la falta de humanidad. Por la violencia que exhibe el mundo actual, pareciera que mientras más conscientes estamos del mal y sus consecuencias, más nos acercamos a él.

Ante ese panorama de irracionalidad e intolerancia, cabe preguntar: ¿El sistema educativo actual ha sido un fracaso, o ha llegado a ser obsoleto para nuestro tiempo?

El sistema educativo actual fue diseñado para una época diferente a la nuestra; una época marcada por la Revolución Industrial, pues antes de la mitad del siglo XVIII no existía sistema educativo público y gratuito; hasta aquel entonces la educación era privilegio de unos pocos.

Con posterioridad a la llamada época del Oscurantismo, de manera imperceptible se fue adoptando lo que hoy se conoce como “modelo educativo”, fundamentado en las orientaciones ideológicas del sistema económico, las costumbres sociales y la religión de cada país o continente. La Educación actual se ha caracterizado por el adoctrinamiento con ideas aceptadas socialmente, y la imposición de puntos de vista e ideales determinados, que responden a esos intereses económicos y sociales, que luego son reforzados por los mensajes de los medios de comunicación.

Pero la parte más preocupante del utilitarismo educativo, es que la educación en las escuelas y universidades se ha concentrado en la simple transmisión de conocimiento, una enseñanza neutra.

Sin embargo, la historia nos ha demostrado que la educación como simple transferencia de conocimiento es insuficiente; porque hemos visto en muchos casos crímenes contra la Humanidad y genocidios perpetrados por asesinos masivos inteligentes y académicamente muy bien preparados. También hemos sido testigos en el mundo de actos de corrupción, masacres e injusticias cometidos por líderes bien educados. La historia muestra destacados profesionales llevando a cabo actos de discriminación, intolerancia y violencia contra diferentes grupos minoritarios conformados por personas consideradas “diferentes”. Y constantemente las noticias del mundo muestran a jóvenes formados en las mejores universidades y en los más importantes centros de estudio, involucrados en hechos vandálicos producto del odio, la discriminación y la intolerancia.

Pero nosotros también podemos educar para la paz: para la formación de personas que convivan armónica y pacíficamente, en medio de las diferencias ideológicas, políticas, económicas, religiosas y culturales.

¿Cuál debería ser el objetivo del sistema educativo?

El modelo educativo que propongo debe ser integral y holístico para el desarrollo del ser humano a plenitud, y su interrelación armónica con la familia humana. El proceso de aprendizaje también es un proceso de formación. Como tal, tiene que ofrecer alternativas al individuo, a la familia y a la comunidad, para armonizar y equilibrar su existencia alcanzando la paz;la paz interior, que luego se reflejará en una vida de relación respetuosa de sus semejantes.

La educación debería ser un proceso continuo para la superación integral del ser humano.

El objetivo del ser humano es la felicidad; sin embargo, no hay felicidad sin paz. No hay paz en una nación si no se respetan los Derechos Humanos de los ciudadanos. Y para vivir en una sociedad donde se respeten los derechos fundamentales, es necesario que las personas sean educadas con este fin.

La educación debe tener como objetivo formar seres humanos integrales que con su diario trasegar contribuyan a la construcción de una cultura de paz en la sociedad y en el mundo.

En la educación está la semilla del bien y del mal: Se educa para la paz o para la guerra, para el bien o para el mal.

La educación para la paz requiere de cuatro actores principales: la persona, los padres de familia, los profesores y los gobernantes.

Entonces es importante preguntarse ¿Dónde ha estado el error del modelo educativo?

Todo lo anteriormente expuesto, nos muestra que para formar personas más humanas que contribuyan a la construcción de la paz, se precisa de un nuevo sistema en la educación:La Educación del siglo XXI para la Paz del ser humano integral y de las naciones.

Existe un mecanismo, un diagrama que hay que seguir; y en ese proceso el ser humano es el eje y actor principal. A mi parecer, el modelo educativo actual se ha olvidado que el hombre es trino, que está integrado por alma, espíritu y cuerpo; y cuando hablo de alma me estoy refiriendo al corazón del ser humano, donde es sembrada esa semilla del bien o del mal, donde son colocados los estímulos positivos o negativos, que luego se ven proyectados en las acciones que forman hábitos y moldean el carácter.

El hombre integral: alma, espíritu y cuerpo

La persona está formada por estos tres componentes, interconectados entre sí. Sin uno de ellos,el ser humano no estaría completo. Hasta ahora la educación se ha concentrado en formar el intelecto, la razón, y hasta en conocer, moldear y fortalecer el cuerpo. Sin embargo, en ese proceso educativo se ha pasado por alto la parte más importante: educar en el corazón.

En su vida en sociedad, el ser humano, a través de los sentidos del cuerpo, oído, vista, olfato, gusto y tacto, ha estado expuesto a mensajes y estímulos negativos de su entorno. Y por medio de los canales del espíritu, como son la imaginación, el afecto, la razón, la memoria y la conciencia, ha introyectado una serie de antivalores, como la intolerancia, la discriminación por diferentes motivos, el odio, la insensibilidad, los prejuicios, la falta de amor al prójimo y de respeto por la vida y la dignidad humana.

Y es en el corazón, en el alma, donde la persona tiene la libertad de elección, con base en toda la enseñanza recibida a través de la educación.

El ser humano tiene libre albedrío para escoger lo que va a asumir como sus creencias, valores y principios, y para proyectarlas a través de las acciones. En el ser humano la expresión de su personalidad y de su forma de ser comienza de adentro hacia fuera. Si lo que el ser humano percibe por los sentidos e introyecta en el espíritu, son enseñanzas negativas, eso será lo que exteriorizará a través de sus acciones. Por eso vemos personas violentas, intolerantes, conflictivas, sin respeto por el prójimo ni amor por la vida. Es en ese sentido que la educación fundamentada en valores universales y principios constitucionales, orientada al respeto por el prójimo, será instrumento para la vida armónica y feliz en una sociedad igualitaria, inclusiva, justa y en paz.

En este siglo XXI, los especialistas en Educación deben dar inicio a la tarea de discernir las lecciones de la experiencia, y proponer el diseño del sistema educativo que reúna las condiciones y requisitos para ser el modelo a seguir; aquel que además de ayudar a formar adecuadamente a los ciudadanos en habilidades y competencias, les eduque para la paz; pues hasta el momento nos hemos ocupado de la Educación como el método de transmitir conocimientos, y hemos asumido la paz como un anhelo y no como lo que es: una necesidad.

Dr. William Soto Santiago
Embajador
Embajada Mundial de Activistas por la Paz

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  1. Excelente articulo pero como pasó con las 4p´s en mercadeo que todo cambio cuando se tuvo en cuenta las necesidades del consumidor . Acá habria que incluir el contexto donde se desarrolla el individuo. Yo me preguntaría puede convivir con el capitalismo salvaje?

  2. Isabel piraquive dice:

    Si muy muy de acuerdo los padres debemos aprender cuales son los valores para así poder vivirlos y enseñarlos a nuestros hijos, y a toda la familia

  3. Buenos días,
    Me gustaría conocer su opinión acerca de incluir a los animales y a la Tierra en este discurso de paz. En mi opinión, el origen de toda la violencia en la que estamos sumergidos es algo que ahora denominamos “Especismo”, lo cual significa, que es válido el respeto y la justicia, cuando aplica a los integrantes de mi especie, lo que sea diferente a ella, puede ser violentado y destruido. El discurso de la paz es válido cuando se trata de seres humanos, pero no cuando se trata de otras especies, y eso en si mismo ya se convierte en una semilla de discriminación y violencia.

  4. Como educador, me sumo plenamente a lo expresado por el doctor Soto. La solución a múltiples problemas de nuestra sociedad es educar intencionadamente desde la concepción trina del hombre que propone el doctor. Educar desde el corazón, es asegurar un mundo en verdadera paz y justicia